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por Yoshiko Toyoda

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En esta página Web, antes fue presentada por la Sra. Ginger una actividad benéfica en Myanmar.  Fue hace dos años cuando Ginger vino a nuestro FACE (Futawa Afternoon Club of English) y habló.  Su cara era japonesa pero habló bien en inglés, somos amigas desde aquél tiempo. 

Luego ella se dio varias vueltas entre Myanmar y Japón, y cuando se fue por primera vez, nos explicó varias veces sobre estado de Myanmar, especialmente sobre los niños y la falta de materiales y equipos de enseñanza.  Para ayudar en esto, ella empezó una actividad benéfica, comprar artesanías tradicionales y venderlas en Japón. 

Cuanto más sabemos sobre Myanmar por ella tanto más nos sorprendemos de su pobreza.  Recuerdo cuando nosotros los japoneses también eramos pobres después de la guerra.  Ayudé a ella para los niños de Myanmar que estaban estudiando bajo un poder militar inestable. 

Y a medida que escuchaba sobre Myanmar, quería ver más este país.  El fin de año pasado, cuando ella se dio una vuelta por Myanmar, me recomendó un viaje a Myanmar en Enero, cuando el tiempo es bueno.  Dijo que me esperaba ahí y me reservaba el hotel y los pormenores del bajo.  Finalmente viajé a Myanmar con tres amigos desde finales de enero hasta primeros de febrero.

Hubo un buen tiempo seco e hizo calor cuando llegamos a Yangon via Bangkok.  Fuimos desde Japón cuya estación era la de invierno, por eso hizo mucho calor al llegar como si estuvieramos en pleno verano.  Pero para las personas de Myanmar, era invierno y las personas estaban vestidas con suéter de manga larga. 

Pensabamos que se ponen ropas de verano todo el año, por eso nos sorprendimos un poco.  Desde antes de irnos a Myanmar, queríamos ir a visitar el orfanato de las niñas.  Ginger nos habló mucho sobre este orfanato y nos vendió algunas artesanias de las niñas.  Vimos un video en el que las niñas que tenían 12 o 13 años estaban trabajando juntas para bordar y hacer encajes.

Por un mail desde Myanmar de Ginger, sabíamos que estaba planeando visitar una escuela anexa al monasterio, por eso preparamos mucho Origami para divertirnos con los niños.  ¡ Cuánto tiempo estuve haciendo Origami con mis hijos ! 

Sabíamos que la visita de escuela fue planeada para el primer día, practicamos muchos tipos de doblaces cuando hicimos los preparativos y en el avión también.  Mirando esto una madre Canadiense con su hija, nos pidió uno para darle a su niña.  Por eso le enseñé como hacerlo y le dí unos Origami también.

En la tarde del primer día, antes de hacer ninguna visita turistica, visitamos  la escuela.  Antes de visitarla Ginger nos dió algunos indicaciones.  gLos alrededores donde está el monasterio son un lugar en el que vive la gente más pobre de Yangon.  No podemos sacar fotos ni señarla nada con el dedo.  Es dicir, cuando los extranjeros pasean mirando con curiosidad en un lugar pobre y miserable de Myanmer, pues existe la posibilidad de que la gente de alrededor comunique a la policía.  Por eso nunca hagan las cosas que estimulan al habitanteh

Caminamos sin mirar indiscretamente lo mejor posible.  Hubieron casas humildes con techo de hojas de platano, y había incluso una mujer bañanodse en una tina en frente de su casa.

La escuela anexa al monasterio fue un asilo que estaba dentro de este y sus maestros fueron monjes o voluntarios.  Fue para los orfanatos y para los niños de familias pobres que no pueden hacer ingresar a sus hijos a la escuela.  Esta escuela fue una barraca y encima del suelo de tierra se extendieron solamente unas tablas, y se pusieron unas mesitas.

Cuando entramos, los niños nos saludaron juntando las manos. Algunos niños parecían que tenían 3 años.  Con la traducción de la jefa de Ginger, la profesora de la Escuela Superior de Pedagogía, nos presentamos y empezamos a hacer Origami.  Los niños trabajaron con mano trope cambiando las formas del papel, de casa a bote, luego a molino, y luego a botes pegados. 

Al principio los niños estaban tranquilos, pero comenzaron a hacer gvivash después de que hicieron varios Origami. Cuando enseñamos gel globoh estaban muy contentos e hicieron muchos más, y los inflaron.  Estaban jugando con alegría.  Yo estaba mirandolos angustiadamente comparandolos con los niños japoneses que tienen tantos juguetes.

El último día visitamos al orfanato de las niñas.  Algunas niñas a las que había visto en video estaban bordando cubierta de armohada.  Las niñas de aqui eran mayores que los niños de la escuela anexa al monasterio, por eso pudieron memorizar más rápido como hacer Origami, y me trajeron los más bonitos para ver. 

También me trajeron sus trabajos de bordar y encaje.  gHice estosh me dijeron con orgullo.  Yo pensaba que futuro les estaba esperando a ellos.  Deseaba que vivieran feliz sin querer.

Después de nuestra visita, Ginger nos dijo, gCreo que el hecho de que un día, para los niños de estos monesterios y orfanato en lo que nada cambia, sería una experiencia que nunca olvidarán.h  Para nosotros fue una experiencia preciosa que nunca podremos obtenerla solo con el turismo normal.

traduccion: N. Kuroki