Hayahiko Kitamura

El presente comentario acerca del idioma japonés predominante, gTokio-go (lenguaje de Tokio)h o gTokio-ben (dialecto de Tokio)h tiene como propósito contribuir a un mejor conocimiento del mismo, a su adecuada comprensión y a optimizar su correcto aprendizaje.

Antes de centrar en mi análisis del gnihongo habladoh en la vida diaria, permítanme recordarles que otras provincias y/o áreas geográficas tienen diferentes sistemas dialectales que conservan aún una muy particular gramática y formas de hablar muy exquisitas.  Basta citar dos ejemplos significativos.  Uno es el gKansai-benh, dialecto de Kioto y Osaka, que es considerado por los nativos como el auténtico idioma japonés, además de motivo de orgullo.  El otro es el lenguaje hablado en la vecindad de Kesenfnuma (Pantano de Kesen) de la región de Tôhoku, caracterizado por su peculiar sistema gramatical.  He oído decir que en él abundan expresiones muy matizadas ausentes, sin embargo, en el gTokio-goh.  Un grupo significativo de personas lo denomina gKesen-go (lenguaje de Kesen)h, considerandolo como un lenguaje y no simplemente una forma dialectal.

Acerca del Tokio-go (lenguaje hablado), su situación actual

El Tokio-go o lenguaje hablado, objeto de vuestro estudio, conocimiento y uso, continúa sumergido en constante e intenso proceso de deterioro debido principalmente al quehacer de los medios de comunicación social como la televisión y la radio.  En este particular proceso de cambios, mi interés está en señalar a trevés de ejemplos, cómo el uso inadecuado de Tokio-go se explica por cierta mentalidad japonesa.

Uno de los principales problemas se localiza en el uso de Keigo (el lenguaje honorífico).  Como ustedes ya han notado, su sistema es muy complicado y especial.  Por tanto, emplearlo de forma apropiada sin comentar errores no es nada fácil, ni siquiera para los mismos japoneses; para lograrlo, se requiere, además, una cierta dosis de cultura.  La palabra gculturah aquí no necesariamente significa conocimientos a nivel de la enseñanza superior.  En efecto, no son pocas las personas, aun entre los intelectuales como catedráticos, por ejemplo, que usan mal términos honoríficos; me atreverá a decir que esta dosis de cultura es que nació y creció una persona.

Hace  tiempo, al tratar yo, en un seminario, de ciertos temas sobre el uso del lenguaje honorífico, una señora de mediana edad, oriunda de una provincia rural, exposo que cuando ella llegó a Tokio, se quedó perpleja porque le resultó difícil usar correctamente el lenguaje honorífico.  Sin embargo, ésto no implica en absoluto la superioridad del habla de Tokio, puesto que otros dialectos también tienen su propio sistema de lenguaje honorífico, y lo mismo puede ocurrir si un hablante del gTokio-goh va a otra provincia.

Es tal la magnitud del problema que, si ustedes no habían aprendido japonés antes de llegar a Japón, una actitud prudente con respecto al lenguaje honorífico podría ser hasta aquella de mantener una greverencia a distanciah.

En tal contexto, y a través de lo que a continuación se mencionará acerca del mal uso del lenguaje honorífico, deseo que, ustedes se percaten que no siempre es recomendable adoptar expresiones honoríficas tal cual son pronunciadas, considerando que si los japoneses lo hablan y empleas, debe estar bien.

Hace alugún tiempo, al estallar la gurra del Golfo Pérsico que involucró a parte de la denominada gcontribución internacional del Japón en la mismah.  Su eje se desplazó hacia el parlamento en el cual se discutía ruidosamente gcómo Japón debería cumplirlah.  El entonces primer ministro, Kaifu Toshiki, en medio de la discusión acalorada, dudaba qué actitud tomar y aguardaba el curso del debate.  En esos momento cruciales fue cuando se le deslizó la palabra gminasan no go-guironh, una locución poco familiar para denominar una peculiar discusión parlamentaria.

Recuerdo que, al oírla, sentí cierto desconcierto, y a la vez, me pareció una gridiculezh.  ¿Por qué razón sería?  Pues, es ésta: era una discusión (guiron) hecha dentro de una colectividad constituida por los representantes políticos, el primer ministro incluído, por lo que se trataba de un quehacer habitual, ordinario; era nada más que una función otorgada a los que reciben confianza del pueblo japoés, pueblo al que pertence la sobranía.  Por esta razón, me pareció realmente irrisorio poner el prefijo de cortesía  ggoh a un compromiso de ellos mismos.

Si he de tenerle una compasión por Kaifu, sería por el aire que tenía su postura involuntaria: era evidente que él no tenía confianza en sí mismo para dirigir el debate parlamentario, adoptaba una actitud pasiva, como sí quisiera dejar el asunto a manos de otros.  En fin, se puede ver que la partícula ggoh no salió de una actitud de respeto, sino de un sentimiento de gtemorh que él tenía en ese instante.

Ahí se observe un problema sobre el uso de términos honoríficos.  Es decir, el tfermino honorfifico no siempre se pronuncia motivado por la sensación de respeto, sino más bien por algo así como un sentimiento de temor, y así, pueden salir palabras muy desacertadas, inoportunas e inadecuadas.

El verdadero problema es que el uso del término honorífico tiene una fuerza mágica: a propósito de personalidades como el Sr. Kaifu, debe subrayarse que una vez que lo haya empleado alguien, se propaga y difunde con mucha facilidad y velocidad.  Hoy, en que la televisión, la red más potencial de los medios, une todo el Japón en un instante, tal forma de hablar, salida por la boca de personas de influencia, entre otras, políticos o las de la masa media, se ve imitada y extendida con mucho ímpetu.  Son innumerables sus ejemplos.  Recientemente reporteros, presentadores y personas afines han empezado a usar con frecuencia el prefijo ggoh en el informático de la televisión: a la hora de dar noticias, por ejemplo, sobre celebradades como deportistas o actores.  g(Haiyuu no) ?? san no go-itai ga go-jitaku ni modoraremasitah y g(Eiga-kantoku no) XX san go-jishin wa go-zonji nakatta soudesuh son ejemplos tipo.

En el primero de los casos sería suficiente decir g?? san no itai ga jitaku ni modoraremasitah , y en el segundo, gXX san wa shiranakatta sou desuh.  En estos casos, no hay necesidad de poner el prefijo honorífico ggoh en particular, mejor dicho, ponerlo se desvía del uso generalizado del término honorífico; su razón se exponderá en una próxima oportunidad.